Un día que paseábamos por la falda del monte Jaizkibel cerca de la ermita de Guadalupe vimos en un claro del bosque y debajo de un precioso roble un caserío en ruinas. Nos imaginamos lo tranquilo que debían vivir los antiguos moradores de aquel lugar, sin los ruidos de los coches, despertándose con el canto de los pájaros y empezamos a soñar. Primero construimos una mesa en la que merendábamos con nuestros cuatro hijos (Beñat, Martxel, Garazi y Jon), luego construimos un gallinero (el sueño del abuelo Agustín) y después esta casa a la que llamamos Haritzpe (“bajo el roble” en euskera). Ahora estamos viviendo ese sueño que tuvimos aquel día y que nos gustaría compartir con todos vosotros. Queremos que vengáis y os despertéis con el canto del gallo, que os sentéis en el porche de la casa y escuchéis la voz del bosque y nos contéis al calor de la chimenea donde habéis estado y lo bonito que es el entorno. Queremos que al salir de aquí nos recordéis como a vuestros amigos y penséis que esta es vuestra casa de Hondarribia, nosotros os la cuidaremos.